• La ciudad de los náufragos

    Autor/a:Eduardo Vela

    348 páginas | Tapa blanda | Formato: 13 x 20 cm.
    Año de publicación: 2020

     

    Con un lenguaje que combina la oralidad callejera y una prosa ágil, el autor nos presenta las diversas circunstancias que involucra el camino a la adultez y nos muestra, desde una mirada escéptica, su lado más benevolente o el más pérfido. La historia nos conecta con nuestros primeros recuerdos y emociones, con las tristezas y las alegrías que un chico de barrio puede vivir. El lector asiste a un reencuentro con sueños remotos y amores perdidos, con la belleza y los horrores escondidos en una ciudad donde sus habitantes se debaten entre la frustración crónica y la ciega esperanza.

  • La primera noche de la vida

    Autor/a:Tamio Hojo

    208 páginas | Tapa blanda | Formato: 14 x 21 cm.
    Año de publicación: 2024

     

    Cuerpos vendados, quejidos por la noche, cuencas vacías en las caras de quienes han perdido los ojos, piernas prostéticas, niños que brotan por todos lados en el hospital de leprosos. Tamio Hōjō describe el sanatorio donde vivió los últimos tres años de su vida como una aldea, donde todos los pacientes cumplen una función y encuentran en sus actividades una forma de sobrellevar la tragedia.
     

    Tres años le bastaron para construir una obra que le dio sentido a una vida completa. Hasta el día de hoy se lo destaca como un poderoso cronista de la vida de los pacientes y el principal representante de lo que se denomina literatura de la lepra.

  • Thomas Wainewright, envenenador y otros textos fulminantes

    Autor/a:Oscar Wilde

    116 páginas | Tapa blanda | Formato: 10 x 20 cm.
    Año de publicación: 2014

     

    Aunque varios de los textos que componen este librito de apariencia breve no habían sido antes traducidos al castellano, no es ésa la principal gracia que el lector encontrará en ellos. Al decir del traductor y encargado de la selección, Juan Manuel Vial, estos escritos nos muestran a un Oscar Wilde desconocido, que no figura, ni siquiera como espectro, en sus grandes obras literarias. Preocupado de asuntos espectaculares, como la existencia de aquel admirable envenenador llamado Thomas Wainewright, y de otros más cotidianos, como la decoración del hogar, la filosofía del vestir, las peculiaridades de los habitantes de Estados Unidos y las vicisitudes de las modelos y los modelos en Londres, Wilde se revela aquí como un férreo defensor del buen gusto, sin privarse, claro que no, de lanzar dardos emponzoñados en contra de los falsarios, los académicos y todos quienes, siguiendo una u otra moda, acabaron construyendo horrores, ya fuera en el arte o en la vida misma.

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