• El nombre del Perú

    90 páginas | Tapa blanda con solapas | Formato: 13 x 20 cm.

     

    El nombre del Perú (1951) realiza un recuento de las diferentes versiones que existen sobre el origen del nombre de nuestro país. Porras sostiene que el nombre del Perú proviene de una deformación del nombre del cacique del Birú, cuyos reducidos dominios se hallaban en la costa del Darién en la frontera entre las actuales Panamá y Colombia. Hasta ahí llegaron los conquistadores en su primer viaje y al que los soldados y aventureros de Panamá decidieron llamar Perú. Así, el nombre del Perú habría surgido de la deformación castellana de un vocablo indígena. En sus conclusiones, el historiador señala: el nombre del Perú fue desconocido para los Incas. Fue impuesto por los conquistadores españoles y rechazado por los indios del Perú, que se negaban a usarlo, según el testimonio de Valera, Acosta y Garcilaso.

  • La ópera japonesa de los tres centavos

    192 páginas | Tapa blanda | Formato: 18 x 19 cm.
    Año de publicación: 2024

     

    Decía Oscar Wilde que era un fastidio formar parte de la sociedad, pero que estar excluido de ella era una tragedia. De lo trágico de los excluidos se vale Rintarō Takeda para contar sus historias. Nos hace oler vísceras humanas, nos arrastra en la decadencia de los marginados. Quedamos, como ellos, perplejos hacia lo inevitable. “Gran infortunio”, el primer cuento, nos estanca en el abandono y la falta de voluntad. En “El Primer Día del Gallo”, hallamos a las acompañantes del Tamura que sirven sake y compiten mientras cargan sobre sus espaldas una realidad que no pueden cambiar. Llegamos luego hasta “Kamagasaki” en donde nos perdemos como los extranjeros sin guía se pierden dentro de sus profundidades. Reaparecemos en un edificio de mala muerte, espiando las habitaciones y las vidas de sus residentes en La ópera japonesa de los tres centavos, que da nombre al libro.
     

    Rintarō parece desafiar con las formas narrativas y sus saltos. Dice, cuenta, narra en tiempos y vistas diferentes. Juega con nosotros, los lectores, que nos entregamos gustosos, y nos envuelve en sus caprichos, pero no juega con sus personajes, vive en ellos.

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