• Alejandro Alayza: una retrospectiva (1968 – 2018)

    125 páginas | Tapa blanda | Formato: 23 x 30 cm.
    Año de publicación: 2020

     
    Esta publicación revisa de manera integral cinco décadas de producción artística del pintor peruano Alejandro Alayza, uno de los referentes de la pintura abstracta y geométrica en el Perú. El libro acompaña la exposición retrospectiva que reúne obras clave realizadas a lo largo de su trayectoria. La publicación muestra la evolución del lenguaje pictórico de Alayza, desde sus primeras exploraciones formales hasta sus obras más maduras, destacando su interés constante por la geometría, el color, la estructura y el espacio. Su trabajo se caracteriza por una pintura rigurosa, reflexiva y silenciosa, donde cada elemento está cuidadosamente construido.

  • Los niños muertos

    192 páginas | Tapa blanda | Formato: 13.5 x 20.5 cm.
    Año de publicación: 2024

     

    La exigencia política e histórica de Parra camina en paralelo a su exigencia literaria. La cita con la que se abre el libro está sacada de las «Memorias del subsuelo» de Dostoievski: «Somos criaturas muertas al nacer y hace tiempo que nacemos de padres no vivos». La historia, los estratos de tierra, los fantasmas, los muertos en vida, los de abajo… Ninguna corrupción es mágica. La pobreza engendra debilidad y una forma de violencia que no se encamina en una dirección transformadora. En Los niños muertos Parra es un escritor sensible, certero y valiente.

  • Thomas Wainewright, envenenador y otros textos fulminantes

    Autor/a:Oscar Wilde

    116 páginas | Tapa blanda | Formato: 10 x 20 cm.
    Año de publicación: 2014

     

    Aunque varios de los textos que componen este librito de apariencia breve no habían sido antes traducidos al castellano, no es ésa la principal gracia que el lector encontrará en ellos. Al decir del traductor y encargado de la selección, Juan Manuel Vial, estos escritos nos muestran a un Oscar Wilde desconocido, que no figura, ni siquiera como espectro, en sus grandes obras literarias. Preocupado de asuntos espectaculares, como la existencia de aquel admirable envenenador llamado Thomas Wainewright, y de otros más cotidianos, como la decoración del hogar, la filosofía del vestir, las peculiaridades de los habitantes de Estados Unidos y las vicisitudes de las modelos y los modelos en Londres, Wilde se revela aquí como un férreo defensor del buen gusto, sin privarse, claro que no, de lanzar dardos emponzoñados en contra de los falsarios, los académicos y todos quienes, siguiendo una u otra moda, acabaron construyendo horrores, ya fuera en el arte o en la vida misma.

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